Competencias vs CV

Hace unos días una persona nos visitó en nuestras oficinas, al ver publicada una oferta de empleo en nuestra web, y tras la entrevista que mantuvimos le transmitimos nuestra opinión sobre su perfil comunicándole que tenía una experiencia y conocimientos que difícilmente serían empleables en nuestro entorno. Posteriormente conocimos una publicación suya, en una red social, quejándose de que teníamos publicadas un par de ofertas de empleo en las cuales él encajaría y no lo postulamos a éstas. No respondimos ni  entramos a debatir sobre si sus habilidades técnicas encajaban o no en las ofertas pero si teníamos claro que sus competencias en absoluto eran las requeridas para los puestos que presumía eran para él apropiados.

Se ha hecho hincapié, hasta la saciedad, de la necesidad de contar con el mejor talento posible en las empresas pero éste no se debe circunscribir exclusivamente a las habilidades técnicas si no que el talento también son  las competencias, aCtitudes,  las cuales, en la actualidad, son el principal factor diferenciador en las decisiones de contratación de las empresas.

El cv ya no es el principal valor del candidato si no que es ella, la persona, el principal valor. La diferencia radica en la persona. Por supuesto que si nos solicitan tal o cual perfil deberá cumplir, como mínimo, con unos estándares técnicos pero serán sus valores y/o competencias las que decidirán hasta que punto la persona que ocupará el puesto será altamente competitiva o no.

En las facultades o escuelas no forman a las personas en tal o cual competencia. Nos pueden ayudar a mejorar o conocer cuales son las competencias más demandadas o las más genéricas.  Esta es una labor que debe ejercer en la familia nuestros padres, madres o tutores. Sí es cierto que existen ciertas competencias, como por ejemplo “iniciativa” o “creatividad”, que son innatas y no se pueden formar, aunque sí potenciar, y nos vienen dadas genéticamente. Con todo lo descrito hasta el momento deseo remarcar que se deben formar a nuestros hijos en unos valores, que a la postre serán sus competencias futuras, acordes con lo que nuestra época demanda, nos guste o no. No estoy hablando de crear robots pero si de inculcar competencias como el compromiso, responsabilidad, autonomía, iniciativa, capacidad de aprendizaje, tolerancia a la presión, trabajo en equipo o productividad por ejemplo, y esto no debería ser exclusivo de ninguna élite o grupo humano.

A nuestros jóvenes les debemos proporcionar la mejor enseñanza posible pero la educación no la podemos dejar en manos ajenas.

Manel Macià Martí

Director en TALENTIA GESTIÓ