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Las competencias indispensables del líder persona

Ante todo deseo dejar claro a lo que me refiero cuando comúnmente hablo (hablamos) de líder, pues esta acepción se refiere concretamente a una persona que tiene bajo su mando a otras personas. Lo de líder es otra historia y de este tipo de personas pocas existen ciertamente y, por desgracia, las instituciones políticas son un palmario ejemplo de esta escasez.

Estoy leyendo mucha literatura sobre tipos de liderazgo y por nuestra profesión, en Talentia Gestió, tenemos contacto, y sufrimos, los diferentes tipos de liderazgo. Un líder, un buen líder, dejémoslo claro, debe poseer necesariamente estas 3 metacompetencias, parafraseando a mí estimada amiga y mentora Mercedes Hortelano Vázquez de Prada: empatía, autoestima y asertividad.

Empatía: una competencia crucial para desenvolverse en cualquier entorno laboral. Conocer y comprender a las personas que te rodean y con las cuales colaboras es condición indispensable para que estas reconozcan, en su líder, una capacidad de comprensión humana con la cual cualquier empleado se mostrará reconfortado ante cualquier tipo de incidencia profesional y/o personal.

El temor ante el superior es un lastre que perjudica la comunicación.

Autoestima: una competencia con un valor estimable si esta está bien conducida. Esta competencia debe ser ejecutada con una dosis de objetividad y autocrítica no a la altura de cualquiera pues, de esta manera, evitaremos caer en la prepotencia o la soberbia. La autoestima posibilita ejercer el mando con efectividad y confianza alejándose del titubeo y la duda.

La confianza bien llevada, un valor que propicia la eficacia.

Asertividad: esta es probablemente la competencia más agradecida por cualquier persona en un entorno laboral. La comunicación asertiva, sea esta mediante una disposición o ante el error, se agradece que se formule con los mínimos requeridos por cualquiera para que no se dañe las emociones del receptor.  Recibir una orden o reclamar una explicación ante el fallo, si se efectúa con un estándar de respeto  y sin obviar el rigor, por supuesto, posibilita una interlocución futura fluida que redundará en beneficio de la gestión emocional del empleado y, por ende, de la empresa.

El confort ante la comunicación asertiva, un impulso a la reciprocidad comunicativa.

El problema en la posesión de estas (meta) competencias es que se van construyendo a lo largo de nuestro ciclo vital de vida, con nuestras vivencias desde nuestra infancia. Se pueden potenciar de adulto pero difícilmente las desarrollaremos de adulto.

Manel Macià Martí

Director en Talentia Gestió

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